Si te preguntas cuándo podar las plantas del jardín, la respuesta depende de la especie y de lo que quieras conseguir: flores, frutos o simplemente orden. Te contamos el calendario que seguimos en casa.
En Casa y Deco nos encanta el jardín, pero reconocemos que la poda nos dio más de un disgusto en los primeros años. Así que si te preguntas cuándo podar las plantas del jardín, has llegado al sitio adecuado. Adelantamos la idea principal: no existe una fecha única para todo el año, porque cada planta tiene su momento según lo que busque, ya sean flores, frutos, volumen o, simplemente, un aspecto ordenado.
Por qué importa tanto el momento
Podar significa algo más que cortar. Al retirar ramas o hojas que no aportan nada, la planta reorganiza su energía y la dirige hacia las zonas que de verdad te interesan. Si lo haces en el momento oportuno, esa reorganización juega a tu favor. Si te equivocas de fecha, la planta gasta fuerzas en cicatrizar en lugar de crecer.
Hay un error muy extendido: pensar que el otoño es buen momento porque el jardín ya está más tranquilo y hay menos prisa. En realidad, es de las peores estaciones para podar. Mientras las hojas cambian de color y la clorofila se retira, la planta acumula azúcares y reservas en raíces, troncos y frutos para alimentar el crecimiento de la primavera siguiente. Si le quitas ramas antes de que caigan las hojas, le robas parte de esa reserva. Además, como en invierno la planta apenas tiene actividad, las heridas tardan en cerrarse hasta que llega el buen tiempo y quedan expuestas a hongos durante meses.
Confieso que la primera vez que recorté una lavanda en pleno octubre pensé que me estaba adelantando al trabajo de primavera. Lo que me adelanté fue su funeral, porque no volvió a brotar como antes. Desde entonces tengo el calendario pegado en el cobertizo.
Frutales, arbustos y setos
Los frutales de hoja caduca, como manzanos, perales y cerezos, se podan preferiblemente a finales del invierno o principios de la primavera, justo antes de que empiece el nuevo crecimiento. Es el mejor momento porque, sin hojas, se ven con claridad la estructura de las ramas y resulta más fácil decidir cuáles sobran. Las heridas que dejas cicatrizan enseguida con la savia en movimiento, y eso reduce bastante el riesgo de enfermedades.
Los arbustos piden un trato distinto según cuándo florecen. Algunos se podan después de la floración, como la lavanda, la azalea, la forsitia, la santolina o la hebe, porque si cortas cuando ya han abierto sus flores, te quedas sin espectáculo el año siguiente. Otros se trabajan pensando en la floración de la temporada, como las hortensias y los rosales. Y las plantas que necesitan rejuvenecer, como la adelfa, la buddleia o la lila, admiten una poda más profunda, siempre en el momento que marca su ciclo.
Con los setos la cosa es más sencilla. Un recorte ligero a finales de primavera o en verano basta para mantener la forma. Las podas más intensas, en cambio, conviene dejarlas para la temporada de reposo, cuando la planta tiene menos actividad y se estresa menos. Nosotros hemos aprendido a leer el seto antes de coger las tijeras: si está muy crecido, mejor repartir la poda en dos visitas que hacer una carnicería en un solo día.
Huerto y plantas de interior
En el huerto, los tomates, pimientos y calabacines agradecen una poda temprana. Retirar las hojas inferiores y los brotes laterales cuando la planta todavía es joven hace que la energía vaya a los frutos y mejora la ventilación entre ramas, lo que reduce el riesgo de enfermedades fúngicas. Una vez que empiezan a florecer, toca moderarse: podar en exceso en esa fase elimina botones que serían tomates y deja la planta más floja.
Las plantas de interior, como el poto, el ficus o el lirio de la paz, pueden podarse en cualquier momento del año. Basta con quitar las hojas amarillentas o dañadas para que la planta tenga mejor aspecto. Si quieres controlar su tamaño o conseguir un crecimiento más tupido, corta justo encima de un nudo de hoja durante la temporada de crecimiento, normalmente en primavera o a principios de verano. A mí el poto me ha salvado más de una tarde de domingo aburrida: cada hoja amarilla que quito es una pequeña victoria, aunque el gato del vecino opine que esas hojas son suyas.
Herramientas y errores habituales
No hace falta un arsenal para empezar, pero sí herramientas adecuadas a lo que vas a cortar. Para brotes tiernos y ramas pequeñas sirven unas tijeras de podar bien afiladas, que evitan desgarros en el tejido. Para ramas leñosas, como las de rosales o árboles frutales, es mejor una sierra de mano pequeña, porque da un corte limpio y no desafila ni rompe las tijeras. Las plántulas y las plantas muy pequeñas pueden despuntarse con los dedos, eso sí, quitando bien el brote para que no vuelva a salir.
Desinfectar las herramientas es uno de los gestos más sencillos y más olvidados. Limpia tijeras, sierras y navajas antes de empezar y entre planta y planta. Un paño con alcohol basta para que no te lleves una enfermedad de un ejemplar a otro sin darte cuenta, algo que nos ha pasado más de una vez en el huerto.
Tampoco conviene tener prisa. Una poda apresurada suele acabar en cortes mal hechos y en una planta que tarda más en recuperarse. Antes de cortar, mira la planta entera, decide qué quitas y empieza. Y recuerda evitar las podas fuertes durante la floración o la fructificación, porque alteran el equilibrio hormonal que la planta necesita para producir flores o frutos. En esa fase, limítate a quitar hojas dañadas o brotes pequeños que tapan la luz de las zonas productivas.
Después de podar, observa. Si aparecen signos de estrés, como marchitamiento o crecimiento lento, dale unos días antes de volver a cortar. Y si tienes dudas sobre una planta concreta, pregúntate primero si florece en primavera o en verano. Esa respuesta te dice casi todo sobre cuándo cortar.

