En Casa y Deco nos encanta ver el jardín cuando empieza a cambiar de color, pero también sabemos que el otoño es la estación en la que más se descuida el césped. Con el calor que se va y los días que se acortan, muchos dejamos la manguera colgada y nos olvidamos de la hierba hasta que aparecen los claros. Por eso te contamos cómo cuidar el césped en otoño sin complicarte la vida: unas pocas tareas bien elegidas bastan para que llegue a la primavera fuerte, densa y sin calvas.
Si algo hemos aprendido probando (y confesamos que nos hemos equivocado más de una vez) es que cómo cuidar el césped en otoño depende menos de hacer mucho y más de hacer lo correcto en el momento adecuado. La hierba entra en una fase en la que sus raíces siguen creciendo aunque la parte de arriba frene. Ese es el momento de reforzarla, no de castigarla con más agua o más siega.
Riego: menos frecuencia y mejor repartido
Lo primero que cambia en otoño es la evaporación. Con temperaturas de 15 a 20 grados, el suelo tarda mucho más en secarse, así que regar a diario, como en agosto, solo consigue encharcar la tierra y favorecer los hongos. Nuestra regla de cabecera es regar dos o tres veces por semana, y menos si llueve con regularidad.
Conviene hacerlo a primera hora de la mañana, antes de que salga el sol con fuerza, para que las hojas se sequen durante el día. Regar de noche deja el césped húmedo toda la madrugada y es la receta perfecta para las manchas. Una buena señal de que vas bien es que la hierba recupere su color al pisarla y no conserve la huella. Si la huella permanece, el suelo está pidiendo agua; si al pisar sale un chapoteo, se ha pasado de rosca.
Abonado y aireación, los grandes olvidados
El abono de otoño es, en nuestra opinión, la tarea más rentable de todo el año. Busca un fertilizante con más potasio y fósforo que nitrógeno. El nitrógeno en exceso empuja a la planta a crecer en hoja justo cuando debería fortalecer raíces, y eso la deja más vulnerable al frío y a las enfermedades. Se aplica preferiblemente entre finales de septiembre y octubre, siguiendo la dosis que indique el envase, porque pasarse no acelera nada.
Antes de abonar, merece la pena airear el terreno. Si al clavar un destornillador cuesta mucho, el suelo está compactado y el agua y los nutrientes no llegan a las raíces. Con un aireador de púas o un escarificador manual, abre pequeños orificios de unos cinco centímetros de profundidad por toda la superficie. Nosotros lo hacemos cuando la tierra está húmeda pero no empapada, porque así las púas penetran sin esfuerzo. Y sí, es un trabajo pesado, pero el resultado se nota enseguida en el verde.
Siega, hojas y resiembra
Mucha gente sigue cortando el césped con la misma altura de verano, y ahí está el error. Durante el otoño conviene subir la cuchilla a unos 4 o 5 centímetros. Una hierba más alta protege mejor el suelo del frío y de la humedad, y además tiene más superficie para captar luz. La regla de oro es no retirar nunca más de un tercio de la altura de la brizna en cada siega, y cortar con la cuchilla bien afilada para no desgarrar las puntas.
Las hojas caídas son otro enemigo silencioso. Si se acumulan durante semanas, tapan la luz, retienen humedad y crean un ambiente ideal para los hongos. Un rastrillo de púas flexibles o un soplador de hojas bastan para retirarlas cada pocos días. Eso sí, no las quemes ni las dejes en montones sobre la hierba: mejor llevarlas al compost, donde se convierten en un abono excelente para la primavera.
Por último, si ves zonas ralas, este es el mejor momento para resembrar. El suelo todavía está templado y la semilla germina sin sufrir el calor del verano. Extiende la semilla adecuada para tu tipo de césped, cúbrela con una fina capa de tierra vegetal, presiona ligeramente y riega con suavidad durante las primeras semanas. Nuestro consejo práctico: marca las zonas tratadas con unas estacas para no pisarlas hasta que la hierba tenga unos centímetros.
Un calendario sencillo para no perderse
Si quieres organizarte, puedes repartir las tareas así. A comienzos de otoño, revisa el riego y empieza a subir la altura de siega. Hacia finales de septiembre o en octubre, airea, abona y resiembra si hace falta. Durante todo el otoño, retira las hojas con regularidad y mantén el riego espaciado. Cuando lleguen las primeras heladas, deja de cortar y evita pisar la hierba, que estará más frágil de lo que parece.
Ninguna de estas tareas exige herramientas caras ni grandes conocimientos. Con un rastrillo, un aireador básico, un saco de fertilizante adecuado y un poco de paciencia, el césped puede pasar el invierno en buen estado. Y cuando en primavera salga verde y tupido, sabrás que el trabajo de otoño ha valido la pena. Así que ya lo sabes: menos agua, más raíces, y un buen abono en el momento justo.


