El estilo industrial en decoración viene de las antiguas naves, pero encaja en casa si se dosifica. Materiales, colores y medidas para lograrlo.
En Casa y Deco nos encanta el estilo industrial en decoración, aunque confesamos que durante una temporada lo confundimos con dejar la casa a medio hacer. Ladrillo visto, tuberías a la vista, metal negro y madera envejecida: ingredientes que suenan a almacén y que, bien dosificados, dan a cualquier salón un carácter inconfundible. Si te preguntas cómo conseguirlo sin acabar viviendo en una nave, este artículo es para ti.
De las naves abandonadas al salón de casa
El estilo nace más de la necesidad que del capricho. A finales del siglo pasado, artistas y creadores ocuparon antiguas fábricas de SoHo, en Nueva York, porque eran baratas, tenían techos altísimos y ventanales enormes. Con el tiempo, ese aspecto áspero y honesto se convirtió en una estética que se copió en lofts de Berlín, Londres y Barcelona. Lo que había sido una solución práctica acabó siendo una declaración de intenciones: nada de esconder las instalaciones y nada de acabados perfectos.
Lo interesante es que esa filosofía se puede trasladar a un piso de cien metros cuadrados sin problema. Lo que hace falta es entender qué elementos la sostienen y en qué proporción usarlos. Ahí es donde muchos se equivocan, como nos pasó a nosotros en una primera reforma, cuando llenamos el salón de hierro y el resultado parecía un taller de mecánica con sofá, eso sí, muy cómodo.
Materiales y colores que sí funcionan
Hay cuatro materiales que casi nunca fallan: ladrillo visto, metal (sobre todo hierro en negro mate o con acabado oxidado), madera maciza con veta marcada y cemento o microcemento para suelos y paredes. Si tienes que elegir uno solo para empezar, que sea la madera, porque suaviza el conjunto y evita que la casa se sienta fría.
En color, la clave está en una base neutra. Los grises cemento, los blancos rotos, los beige arena y los marrones que recuerdan al óxido forman un fondo tranquilo sobre el que destacan los detalles oscuros. Nosotros solemos seguir una regla sencilla: alrededor de un 60 % de neutros en paredes y textiles, un 30 % de madera y materiales cálidos, y un 10 % de negro, que es donde aparece el carácter. Negro mate para lámparas, marcos y patas de mesa, y poco más.
Para quien quiera hacerlo en casa, una estantería de tubo de hierro con baldas de madera de unos tres centímetros de grosor es uno de los proyectos más agradecidos. Se monta en una tarde, cuesta poco y cambia por completo la lectura de una pared. Eso sí, conviene fijarla a la pared con tacos adecuados al tipo de tabique, porque el peso de los libros se nota más de lo que parece.
La iluminación merece capítulo propio. Una lámpara colgante de estilo industrial sobre la mesa del comedor funciona mejor si su base queda a unos 75 u 80 centímetros del tablero, y si la bombilla es de filamento o de luz cálida, de unos 2700 kelvin. Con luz fría, cualquier espacio de este estilo parece una oficina de los noventa, y eso no es lo que buscamos.
Muebles, textiles y el truco de no pasarse
Los muebles con alma de taller son los protagonistas: estanterías abiertas de metal, mesas de comedor con patas de hierro, bancos de tablón o butacas de cuero envejecido. Si tu presupuesto es ajustado, grandes cadenas como Ikea tienen líneas con este aspecto a precios razonables, aunque conviene retocar tiradores o cambiar la lámpara para que el conjunto no parezca sacado de un catálogo.
Los textiles son los que humanizan el conjunto. Un sofá de lino en tono arena, una alfombra de unos 160 por 230 centímetros en fibra natural y cojines de lana en colores apagados rompen la dureza de los materiales. Confesamos que a nosotros nos salvó el salón una manta de tejido grueso que pusimos sobre el sofá: de repente el espacio dejó de parecer una nave y empezó a parecer un sitio donde apetece quedarse.
Hay un riesgo que conviene vigilar: la acumulación. El estilo industrial pide cierta carencia calculada, y cuando se llena de objetos vintage, carteles, relojes gigantes y plantas en macetas de hierro, aparece enseguida la sensación de decorado de restaurante. Nuestra recomendación es elegir un único objeto estrella por estancia, por ejemplo un baúl antiguo o una lámpara de taller de gran tamaño, y dejar que el resto respire.
Dónde aplicarlo y dónde no
El salón y la cocina abierta son los espacios que mejor responden a este estilo, sobre todo si tienen techos altos o vigas vistas. En los dormitorios conviene ser más prudente, porque el metal frío y los acabados ásperos pueden restar descanso. Lo más sensato es limitarse a una lámpara de pie, un cabecero de madera y ropa de cama en tonos suaves. En el baño, un grifo en negro mate y una repisa de madera pueden funcionar muy bien, siempre que los revestimientos y la madera aguanten la humedad.
Si tienes una pared de ladrillo que no es auténtica, no pasa nada. Existen placas de ladrillo fino, de algo más de un centímetro y medio de espesor, que se colocan con adhesivo y dan el mismo efecto sin obra pesada. Eso sí, pídelas con juntas poco regulares, porque la perfección es justo lo que este estilo intenta evitar.
Al final, el estilo industrial en decoración funciona cuando la casa se siente habitable y no escenográfica. Empieza por dos o tres materiales, mantén una paleta neutra y deja un único punto de fuerza. Y si aun así la casa acaba pareciendo una nave, al menos será una nave con un sofá en el que apetece tumbarse.


