martes, 27 de octubre de 2026

CasayDeco

Cómo ahorrar calefacción en casa: trucos que de verdad se notan en la factura

En Casa y Deco repasamos cómo ahorrar calefacción en casa con medidas sencillas: temperatura, radiadores, ventanas y mantenimiento de la caldera.

Marta Junquera Villar
Marta Junquera Villar
· 5 min de lectura

En Casa y Deco nos llega la misma pregunta en cuanto empieza el frío: cómo ahorrar calefacción en casa sin acabar temblando en el salón. La buena noticia es que no hace falta reformar nada para notar la diferencia en la factura. Muchas de las medidas que funcionan cuestan poco o nada, y lo que exigen, sobre todo, es revisar hábitos que damos por hechos sin pensarlo demasiado.

La temperatura es la palanca más directa de todas. El IDAE recomienda situar la calefacción entre 19 y 21 grados en las zonas de estancia, y bajar un par de grados por la noche o cuando nadie está en casa. Cada grado de más puede suponer alrededor de un 7% de consumo extra, así que ajustar el termostato es lo que antes se nota en el bolsillo.

Confieso que durante años tuve el termostato en 23 grados. Me convencía de que así se vivía a gusto, y en realidad lo que se vivía era con una manta sobre las piernas y la ventana entreabierta para no asfixiarse. Cuando lo bajé a 20 y me puse un jersey de lana, la sensación fue prácticamente la misma y la factura cambió bastante. El jersey, eso sí, sigue siendo la mejor decoración de invierno que conozco, aunque algún invitado lo mire raro.

Los radiadores, casi siempre mal colocados

Un radiador tapado por un sofá o cubierto por una cortina gruesa calienta el tejido y no la habitación. Lo ideal es dejar unos 3 centímetros entre el radiador y la pared y no colocar muebles justo delante. Si el radiador está junto a un muro exterior, un panel reflectante colocado detrás devuelve parte del calor hacia la estancia. Su efecto es modesto, pero en una pared fría se nota.

Si el radiador está frío arriba y caliente abajo, o suena a gorgoteo, tiene aire dentro. Con una llave de purga, un recipiente y un trapo, se libera en pocos minutos. Hazlo con la calefacción apagada y comprueba después la presión de la caldera, que suele estar entre 1 y 1,5 bar en el manómetro.

Las válvulas termostáticas en cada radiador permiten regular cada estancia por separado. El dormitorio que apenas usas no tiene por qué estar a la misma temperatura que el salón. En muchos casos la instalación es sencilla, aunque conviene que un instalador confirme si tu sistema lo admite.

Puertas, ventanas y corrientes

Aquí es donde se escapa más calor sin que lo veamos. Un burlete en la puerta de entrada, sellar con silicona los marcos que silban y revisar las juntas de las ventanas son arreglos baratos que suelen marcar diferencia. En un día de viento, pasa la mano por las rendijas: si la sientes, el aire también entra, y la calefacción trabaja de más para compensarlo.

Las cortinas térmicas, con forro o tejido denso, reducen las pérdidas por el cristal, sobre todo en las ventanas que dan al norte. Subir las persianas durante el día para que entre el sol y bajarlas al caer la tarde es una rutina sencilla que se nota. En Casa y Deco somos fans de esa costumbre, y de las cortinas de lino pesado que combinan con casi todo.

Ventilar sí, pero con cabeza. Abrir las ventanas de par en par durante cinco a diez minutos renueva el aire sin enfriar las paredes. Dejarlas entreabiertas toda la tarde no es ventilar, es regalar calor a la calle.

Programar el calor en lugar de encenderlo a ojo

Un termostato programable permite que la casa esté caliente a la hora de llegar, sin que la caldera funcione de madrugada para nadie. Los modelos inteligentes añaden el control desde el móvil, pero los sencillos bastan si respetas los horarios. Con una hora de antelación suele ser suficiente en una vivienda bien aislada, y el resto del día puedes dejarla en modo reducido.

Revisar la caldera una vez al año no es un capricho. Una caldera sucia o mal regulada consume más para dar el mismo calor. Si la tuya es de condensación, su rendimiento depende mucho de que el circuito esté limpio y de que la temperatura de retorno sea baja, por eso los radiadores amplios y el suelo radiante funcionan tan bien con este tipo de equipos.

Cuando el problema es la casa, no el termostato

Si tu vivienda es antigua, con muros sin aislar y ventanas de una sola hoja, ningún truco logrará que la factura baje mucho. Ahí entran el aislamiento de fachada o de cubierta, que es la mejora más rentable a largo plazo. El IDAE gestiona programas de ayudas para la rehabilitación energética de edificios, aunque las convocatorias cambian según la comunidad autónoma y el tipo de obra, así que conviene consultarlas antes de empezar.

Si tu hogar tiene ingresos bajos, revisa también el Bono Social Térmico, un descuento en la factura del gas o la electricidad para consumidores vulnerables que se actualiza cada año. Los requisitos cambian, así que merece la pena mirar la información oficial antes de dar el derecho por perdido.

Si solo vas a hacer una cosa esta semana, purga los radiadores y mira el manómetro de la caldera. Son unos diez minutos, no cuestan nada, y con el sistema sin aire y la presión bien ajustada el calor llega a donde tiene que llegar.

Marta Junquera Villar

Escrito por

Marta Junquera Villar

Redactora

Estudió Bellas Artes y acabó con las manos siempre manchadas de pintura. Jardinera aficionada, reina del bricolaje de domingo y matacactus reincidente; en Casa y Deco firma la terraza, el jardín y las ideas DIY.